La sequía real es más cruda. Los Cubs no ganan un juego de playoffs desde la Serie de Campeonato de 2017 contra los Dodgers.
El triunfo en Pittsburgh llevó a Chicago a 88 victorias, con margen suficiente para ilusionarse con romper la barrera de 90 por primera vez desde 2018. En el standing, la foto es clara. Son el tercer equipo de la Liga Nacional en asegurar boleto, después de los Phillies y los Brewers.
La división aún parece fuera de alcance: Milwaukee mantiene una ventaja de 4.5 juegos en la Central y va rumbo a su tercer título consecutivo. Pero el comodín ya tiene nombre y apellido. Los Cubs tienen 5.5 juegos de colchón sobre los Padres por el primer puesto, lo que asegura abrir la serie de wild card en casa, un privilegio que puede marcar diferencia en octubre.
Con el boleto asegurado, México también empieza a ampliar el número de peloteros que estarán en octubre. El tijuanense Javier Assad forma parte de la rotación de Cubs, aunque en series cortas podría desempeñar labor de relevista.
La euforia en las calles de Chicago se entiende, pero nadie olvida que la última vez que celebraron fuerte fue hace nueve años, en 2016, cuando rompieron 108 de maldición. Desde entonces, cada regreso a octubre ha terminado con sabor amargo.
Este 2025, la narrativa cambia. Los Cubs no entran arrastrándose, sino con un récord sólido, más de 20 juegos arriba de .500 y un plantel con margen para competir. No será fácil. Los Phillies y los Dodgers lucen como favoritos, pero Chicago vuelve a tener confianza, algo que se adquiero a lo largo de un calendario completo.
Restan juegos de calendario para afinar detalles, administrar pitcheo y preparar la rotación. El primer objetivo ya está cumplido para la organización de Chicago que este año gastó 210 millones de dólares en contratos de peloteros, la sexta nómina más alta de Major League Baseball.